CISTELLA

 

Ocupa una extensión de 25,56 kilómetros cuadrados y se encuentra situada al NE del Alto Ampurdán, en terrenos accidentados, por las postrimerías de los contrafuertes del macizo la "Mere de Deu Mont" que definen a esta comarca de Cataluña como la "Garrotxa d’Emporda". En el sector oriental del término, la "serra de L'Illa y el Puig de les Forques" que lo separan de Llers y Terrades. El Lugar más elevado del término (480 m) se sitúa en el norte en la "serra de Sant Baldiri", que con la "serra del Más Gironella", limita también con Terrades. A su vez las estribaciones de la "serra de l'estela", la separan por el Oeste de Cabanellas y por el SE con Lledó. El río Manol forma en parte el límite meridional con Navata. Diversos cursos torrenciales, afluentes por la izquierda del mencionado río, riegan su territorio, el arroyuelo de Cistella, que forma un amplio valle y tiene por tributario al riacho de Vilargilá, que drena el sector oriental, mientras que una parte del NO, lo realiza el Rissec. Estos y otros ríos minúsculos, forman a menudo barrancos, principalmente en la parte más abrupta del norte y del N.O. En el área central del territorio, así como en el medio, hay zonas poco accidentadas, muy onduladas y extensos rellanos.

Las localidades de Cistella y Vilarig, pertenecieron al Condado de Besalú. Con el nombre de "Cistella", aparece mencionada en el Acta de Consagración de Santa María de Finestres, iglesia que poseía jurisdicción en aquella localidad. Es muy factible que el origen del topónimo, resida en "cestella" esto es canasta o cesta, por referirse a su configuración geográfica. Se ha encontrado un escudo en D'atzur, formado por una canasta de oro; de la misma manera se le califica en los años 977 a 978, ya que el Conde-Obispo Miró confirma la donación del feudo, que se encontraba en Villa Redi (hoy Vilarig) para el Monasterio de Sant Pere de Besalú", que era limítrofe con el río que pasa por Cistella.

En el año 1204, la familia Creixell tenía derechos en aquel lugar, ya que Dalmau de Creixell y su madre Berenguera, cedieron el viejo priorato de Santa María de Lledó, la Señoría Feudal de Santa María de Cistella junto con otras parroquias prósperas. El Castillo de Vilarig constituía un manso del linaje de este nombre entre los siglos XIV al XVI. A principios del siglo XVII los señores de Vilarig y de Cistella, entronizaron con los Lanuza Condes de Plasencia, que en adelante fueron los propietarios de la zona.

La jurisdicción del término, pertenecía, sin embargo a la Corona, ya que siendo el rey Martí, apodado "l'Huma" (el humano), se había anexado en 1405. Para finales del siglo XVII, Cistella formaba parte de la Bailía Real de Figueras, mientras que Vilarig lo constituía del tronco de Perellos, herederos de los Lanuza, feudo del cual fueron propietarios hasta la extinción del régimen señorial. La economía es totalmente rural, se ha vivido de la agricultura, de los rebaños y de la explotación del bosque.

Es por tanto que se acuse la curva demográfica típica de las zonas con estas características: tienen un incremento de la población a partir del siglo XVIII, hasta la segunda mitad del XIX, para disminuir posteriormente.

De esta manera se sitúa en 266 almas en 1718, para llegar a su cúspide en 1787, cuando arrojaba un censo de 988 habitantes. La crisis agraria, la atracción industrial y el estímulo de la vida ciudadana, junto con la falta de rentabilidad del bosque que provoca el éxodo que comienza a sentirse hacia finales del siglo XIX; acelerándose antes de la guerra cuando se llegó a la cifra de 245 personas para el año de 1979.

A mi regreso de Venezuela, visité a la Sra. Laura Planas Jonama, catalana y amiga de nuestra familia, a quien expliqué todos los detalles de este primer viaje a la tierra de mis mayores. Ella, después de oírme, me pidió que le alcanzase un libro y me dijo con una sonrisa: "te lo voy a regalar, pero no te lo voy a dar". Se trataba de un texto muy antiguo, con el título de "Guía de Figueras y pueblos del Ampurdán, comprendidos en su partido Judicial", su autor Ramón Noguer y Bosch, Procurador de Tribunales y como se dice en la página primera: "obra premiada con mil pesetas, en el certamen científico-literario celebrado en Figueras el día 4 de Mayo de 1888".

Esta escrito en castellano; entendiendo su frase, procedí a fotocopiarlo. Así se hicieron tres ejemplares, dos entregados a Carolina Fábrega Congost Vda. de Macau, para que uno de ellos se entregase al Ayuntamiento, pues no encontré un ejemplar similar en la Biblioteca de Figueres.

Lo que llamó mi atención se refiere a Cistella y dice así:

"A 19 kilómetros de Figueras siguiendo el propio camino que nos guía encontrará el viajero el pueblo de Cistella, es cabeza de Ayuntamiento y de distrito municipal que tiene agregados a 2.200 metros, el lugar de Vilarig, con 28 edificios, formándolo en conjunto de unas 239 casas y 988 habitantes. La producción principal de su término es poco más o menos como la de Tarabaus y Vilanant, anteriormente descritos, con la sola particularidad de que este pueblo de todos los del partido, es el que tiene mayor número de masías o casas de labor, pues son 74 las que existen sin contar otras varias moradas de jornaleros, las ermitas de Nuestra Señora de Vida y San Baudilio, esta última en Vilarig y los molinos de Arnau y Llavanera. Aunque el pueblo es de aspecto poco agradable, no regrese el viajero sin visitar antes la Iglesia parroquial, precioso monumento bizantino, tan artístico cuanto ignorado. Consta este templo de tres naves con bóvedas de arcos concéntricos; su fachada, que se conserva aún en buen estado, está construida con grandes sillares y partida por una línea de prismas, encima de la cual y en su centro muéstrase al curioso una ventana semicircular cuajada de finos y extraños adornos, sostenidos por dos pequeñas columnas, cuyos capiteles ostentan primorosos entrelazados. La puerta principal de elegantísimas proporciones contribuye a la belleza de este edificio, obra a no dudar del siglo XII.

En otro libro antiguo, que consiguió mi primo hermano Fidel Fernández Fábrega: (Diccionario Geográfico Estadístico e Histórico de España y de sus posesiones de Ultramar, Tomo 14, Editorial Pascual Madoz, Madrid 1849, página 408, se encuentra lo siguiente: "Cistella, cabildo de ayuntamiento que forma con Vilarig, en la Provincia de Gerona, partido Judicial de Figueras... tiene unas 200 casas, una Iglesia Santa María servida por un cura... población 80 vecinos, 430 almas.

 

 

EL PUEBLO

 

Antes de llegar al lugar que buscaba, iba en automóvil lentamente disfrutando del paisaje catalán, precisamente en una época de agradable calor, cuando entré en Vilarig, y en plena plaza se encontraba el pueblo disfrutando de la sardana, baile típico del país; sin pensarlo, me detuve y me senté en un banco de la plaza y con los ojos del alma me dejé llevar por la ilusión, no podré olvidar lo que llenó mi espíritu, como si la tierra de mis mayores me diese la bienvenida, sintiendo un vaho muy agradable que iba nublando mi vista. Al entrar en Cistella, se encuentra la capilla de "Sant Sebastiá", construida en el siglo XVIII, de planta rectangular, con una ventana característica de aquellos tiempos, con dos aberturas enrejadas a sus costados para permitir a los viandantes mirar el altar. En la puerta se puede leer la inscripción siguiente: "Sant Sebastiá 1763". Cerca de allí encontramos el pequeño cementerio, con sus cipreses dando sombra y paz al ambiente.

Se encuentra Cistella a unos 130 metros sobre el nivel del mar en terrenos más bien planos, a la izquierda del arroyo de su nombre formando el núcleo de calles muy estrechas, con reformas poco acusadas, manteniendo dentro de los que cabe, el aspecto que posiblemente debía tener el siglo XVIII, por lo menos esta es la impresión que nos causó, en aquella primer visita de 1988, sobre todo, en las cercanías de la Iglesia, hacia el norte finalizando en la capilla de "Sant Sebastiá", puesto que no observamos reformas recientes. Las casas son singulares estructuras de piedra, de los siglos XIV al XVIII, de dos o tres plantas con vueltas en la parte baja y desvanes o graneros en la superior. Los dinteles de algunas de estas edificaciones se encuentran fechadas. Es de admirar la plaza central, donde convergen, la calle que se dirige a la Iglesia parroquial, el camino que viene de Vilarig y el de Lambri que nos lleva, a la "masía Fábrega" nombre con el cual aún se le conoce, (a pesar de los años) a la casa solariega. Sentado en un banco del lugar observé una añeja fuente, la cual al presionar en su base con el pie, suministra un potente chorro de deliciosa y fresca agua, y si tapamos con la mano el caño salta uno más pequeño que permite sin problemas beber con suma comodidad. En los alrededores se destaca una edificación arruinada por los años, que dio cobijo a la abuela y madre del heredero Zenón Fábrega Falcó. Al penetrar una de las calles laterales nos encontramos con la casa de María Gironella, nieta e hija de Lucía Falcó y Loreto Fábrega, quien cuidó de ellas después de haber salido de la Masía. Esta edificación tiene particular interés familiar, ya que mi padre Eduardo Fábrega y Vidal, tomaba el camino del destierro hacia Francia, siendo huésped de María. Posteriormente en 1964 estuvo de visita realizando fotografías que tengo en mi poder. Me relataba ella que allí se hospedó el general Vicente Rojo Lluch, como muchos otros de la "otra España" a un éxodo del cual pocos regresarían.

A uno de sus lados se encuentra la tienda de ultramarinos, que cierra el cuadro que mi buena fortuna pudo gozar. La calle que conduce a la Iglesia de Santa María de Cistella destaca sin lugar a dudas por la edificación. Fue reconstruida en el siglo XVII y aquella reforma respetó la magnífica fachada romántica con escultura que es la única parte que queda del templo original. La puerta y la ventana en la parte alta, en ambos con decoraciones esculpidas. Una franja de dientes de sierra y una montura encorvada parten horizontalmente la fachada, los mismos elementos marcan el contorno que corona el muro romántico. La nave actual con cabecera poligonal y vueltas de lunetas así como su torre campanario son de la primera mitad del siglo XVIII. La primera piedra fue colocada en noviembre de 1740 y se terminó cuatro años después, siendo bendecida el 3 de Enero de 1745, existiendo constancia escrita de que para el año de 1728, la antigua nave amenazaba ruina. Un bosque de pinos y de encinas, ocupa alrededor de 500 hectáreas se encuentra en los sectores más accidentados y despoblados, que llegan más allá de San Lorenzo de la Muga, inolvidable lugar donde almorzamos. Al ver la extensión de la Floresta, pude revivir los hechos relatados por María Gironella, de José Fábrega Tomás (el heredero en 1872) quien era propietario de parte de aquella zona y sabía conocer el adecuado momento para el corte de los árboles, lo cual redundaba en pingues beneficios; al efecto cuando necesitaba efectivo, iba personalmente a marcarlo, para posteriormente derribarlo en su oportunidad. Hay también espacios yermos con abundancia de matorrales que en algunos caos sirven para pastoreo, es posible que en otros tiempos, su extensión fuera aún mayor, ya que el medio de subsistencia en aquella época fue la elaboración del carbón de leña. Los cultivos van desde los forrajes, cereales hasta las legumbres. A veces se observan olivares algo escasos, ya que aumentan los campos de girasol en detrimento del olivo y de cuando en vez aparece una vid, otrora más abundante. La presencia de rebaños de ganado, ovejas, puercos y granjas avícolas, con sus correspondientes masías, (algunas en ruinas) complementando así los alrededores.

A menos de 1 km. de distancia al poniente, aparece el santuario de la "Mere de Deu de Vida", que ha dado su nombre al lugar, situado en la cima de un altozano cubierto de olivares desde donde se puede disfrutar de un soberbio y sobrio panorama. La primitiva capilla había sido dedicada a San Miguel, su andamiaje parece ser obra de los vecinos de Cistella en 1429, en el lugar que se denominaba cerro Corcoll.

En la segunda mitad del siglo XVII, el rector Francesco Vei la reconstruye y es posible que fuera consagrada a la Virgen ya mencionada. De la primera edificación queda el ábside, convertida en capilla lateral. La actual iglesia está orientada hacia el norte, destacándose en el poniente la puerta con decoración popular en relieve, así como una inscripción fechada en 1695 con la obra del Rector cuyo nombre figura en otra de 1667. Allí se realizaban romerías el 25 de marzo y en el mes de mayo en el día de San Miguel.

 

 

LA MASIA FABREGA

 

En Cistella existen numerosas masías diseminadas sin interrupción en todo el término, edificaciones de dimensiones considerables, generalmente de los siglos XVII - XVIII, con sus dependencias y cobertizos. Muchas se encuentran en estado de abandono, sobre todo en el sector boscoso del poniente. No sucede así con la Masía Fábrega, hoy está rodeada de una valla y muy bien cuidada por sus actuales propietarios. La masía era una casa de labor del campesino catalán y su denominación era suministrada por quienes la habitaban.

Los romanos usaban ya el "praenomen", el "nomen" y el "cognomen". El primero era el que distinguía a cada individuo; el segundo, el de la familia y cuando esta era muy numerosa, se añadía el tercero, así: Publio Cornelio Lentulo o Marco Porcio Laton.

En España, el apellido comenzó con el patronímico. La forma de convertir el nombre en patronímico (de "apellare", después "apellitare", designar o llamar) la tomaron del genitivo latino que expresa la propiedad, pero de una manera arbitraria, propia de la época. Al pasar los años, la costumbre creó la necesidad de no poder vivir en sociedad sin apellido, y se formaron otros que no eran patronímicos, comenzando algunos por un "cognomen" que expresaba la cualidad o defecto de un individuo. Hasta finales del siglo XV, por iniciativa del Cardenal Cisneros, no se fijó enteramente la permanencia del apellido de padres a hijos.

El origen del patronímico "Fábrega", bien pudiera ser, la denominación que se le daba y aún hoy, en el idioma catalán, a una planta "la albahaca". Desde el punto de vista botánico se le conoce como Ocimum basilicum L. de la familia de las Labiadas. El Dr. P. Font Quer en su obra Plantas Medicinales (El Dioscórides renovado, página 713, 1981, Editorial Labor, dice lo siguiente:

"Sinonimia castellana: Alhábega. Portuguesa: Alfádega, manericao grande, basílico. Catalana: alfábrega, alfabreguera, alfabeguera, alfalga; vascuence ibaraka, albaka, brazilla".

Es llamativo señalar que a uno de los campos que rodean a la masía se le denomina "camp alfábrega" o manso Fábrega. También aparece en el Diccionario Geográfico Universal, Editorial América, página 296 año 1991: "Fábrega cerro de la cordillera central de Panamá en la Provincia de Bocas del Toro, distrito de Changuinola. Alt. 3.335 m".

Tengo documentos que permiten decir con cierta seguridad de que la familia fue propietaria hasta 1926 cuando es vendida al pintor Mariano Llabaneda, adquirida posteriormente por Salvador Masgrau, químico de profesión. Algunos mansos se vendieron al Conde de Carol, y por último la propiedad pertenece a su actual dueño, el abogado Damián Telles.

Hay dos edificaciones en el área que se conoce como Lambri. La primera se encuentra en ruinas y posiblemente se construyó en el siglo XVII, la segunda es más reciente, inclusive más conocida como Masía Fábrega y puede fecharse en los últimos años del siglo XVIII. Son por tanto las ruinas donde se efectuó el primer asentamiento de la familia. En las dos primeras visitas, se me dijo, que había unos restos, como quedaba lejos de la Masía, el vehículo fue la causa de que no intentase verlas; el camino es de tierra algo angosto y con abundantes pedruscos que no alentaban el ir hacia aquel lugar. Cuando fui el año pasado, en compañía de mi hijo Ramón, el que custodia la casa, que por cierto es de origen dominicano, me dijo: Quiere ir a verla? y fuimos en un viejo jeep. Todo el camino en ascenso, permite ver los ciervos sueltos que se entretienen en aquel lugar de paz y sosiego. Y así, al cabo de unos tres a cinco kilómetros nos encontramos con los restos de la edificación, en las fotografías correspondientes se detalla lo majestuoso de aquel ayer, hoy sus habitantes son los venados que salieron a tropel al sentir nuestra entrada.

La Srta. Erika Serna Coba, del Archivo Histórico de Figueras, que tanto me ayudó en obtener documentos relativos a la familia, me entregó unas fotocopias de documentos escritos en latín y con las siguientes fechas: 12 de Marzo 1604, 6 Julio 1604, 15 Abril 1605, 5 Mayo 1605, 8 Diciembre de 1605 y 20 de Febrero de 1606. En el fechado 15 de Abril de 1605 dice: " Ego Franciscus Fabrega agricola....." Esto nos indica que la familia fue propietaria de la tierra durante 390 años, hasta que el "hereu" la vendiese en 1926.

Estas casas de los payes, estas masías suelen ser muy bellas. Su asentamiento sobre el terreno no obedece a ningún capricho, está justificada por razones de utilidad generalmente diversa. La realidad metereólogica hace que se encuentren cotejados a medias - a veces - una cuarta al este y otras al oeste. Excepto las posadas en la planicie abierta, la necesidad de encontrar un abrigo del viento dominante explica su presencia, la proximidad del agua, del bosque, la calidad de los terrenos son variables determinantes de la ubicación: la utilidad ayuda a que las casas sigan siendo bellas.

Cuál fue la razón de construir la primera edificación y posteriormente la definitiva? El lugar está cerca de la frontera y del mar, rodeada de bosque y con agua, quizás la cercanía a Figueras para llevar los productos de la finca almercado y ciertamente una mejor comunicación. Mi padre Eduardo Víctor Fábrega y Vidal cuando la visitó, me dicen los familiares, exclamó: Que inteligentes eran nuestros mayores, estratégico lugar cerca del mar y la frontera!

Saliendo de Cistella por el camino de Lambri, se encuentra al cabo de varios kilómetros una valla metálica que nos conduce a la masía en cuestión. En uno de los párales en la entrada, su actual propietario colocó una tablilla que reza así:

"Cuando vengas a esta puerta

No vengas solo a cazar

de que vale una res muerta

sin dar vida a una amistad"

                     Damián Telles

 

La planta es la típica romana. Su portalada principal da acceso a la entrada, generalmente rectangular. Allí se colocan las herramientas, los sacos, las cribas y unos bancos para sentarse completan el entorno; de lado a lado del rectángulo, se encuentran: la cocina, las dependencias, cuadras, el pajar y la bodega. Unido con las cuadras amanera de un anexo de la casa se encuentra el porche para los carros, la tartana y las Hierbas, es el propio lugar de las gallinas. La casa del payes tiene dos salidas, una para las personas y otra para los animales. El primer piso, al cual se accede por una escalera situada a veces al fondo de la entrada, otras colocada a "ojo de buen cubero" en la porción lateral o delantera, es una réplica de la planta. El rectángulo del centro es la sala; de lado a lado se encuentran las habitaciones de dormir. La sala se amuebla con arcones, otras con un sofá, un espejo, algunas sillas y el reloj de la casa. En el segundo piso se encuentra solo el Granero y sobre la fachada una teoría de arcos que suministra una cierta gracia aérea. Delante de la casa mirando al exterior se encuentra un ciprés, signo de hospitalidad, según la tradición.

La fachada puede llegar a ser tan abrigada y asoleada que unas veces comparte tocando sus piedras un naranjo o un limonero. A la derecha suele haber una bella higuera, que en el sitio sobrevive, porque los payes efectúan a su sombra clara la benigna institución de la siesta, mientras las cigarras todas en un vuelo ofuscado cantan con frenesí. Por los curtidos alrededores de la casa, se encuentran almendras, granadas, y algún que otro níspero. La calidad de las flores de almendro liga admirablemente con las añejas piedras de la Masía.